Zamarramala
Barrio histórico en alto, dos kilómetros al norte del centro de Segovia, conocido por su fiesta de febrero y sus vistas sobre el acueducto y el casco antiguo.
Casas de piedra apiñadas en una loma sobre el valle de Segovia
Por qué la gente se aloja en Zamarramala
Zamarramala se aferra a una loma baja sobre el valle del Eresma; técnicamente es un barrio de Segovia, pero lo separan dos kilómetros de campo y crecimiento urbano moderno. El núcleo es piedra medieval: callejones estrechos, una iglesia románica del siglo XII, sesenta o setenta casas antiguas con tejados de teja y dinteles de madera. Los bordes son más recientes: casas de ladrillo de los años ochenta, un colegio, un polideportivo, una rotonda de autobuses. Rondan los mil habitantes, la mitad de más de sesenta años, y el barrio es famoso por una cosa: la Fiesta de las Águedas, el primer domingo de febrero, cuando las mujeres de Zamarramala toman el ayuntamiento por un día y todo el mundo bebe, baila y come demasiado cordero.
El resto del año está tranquilo. Un par de hotelitos han abierto en casas rehabilitadas, dirigidos a viajeros que buscan una base más barata y menos turística que el casco antiguo. Las tarifas van de €55 a €75 la noche, con desayuno a veces incluido, y el precio a pagar es estar a quince minutos andando o cinco en autobús del acueducto. Las vistas son el argumento de venta: desde la loma por encima de la iglesia se ven el acueducto, el Alcázar, la catedral y la sierra al fondo, sobre todo al atardecer, cuando la piedra se vuelve dorada.
No hay más restaurante que un bar (Bar Zamarramala, menú del día entre semana €11) ni vida nocturna alguna. El autobús L1 conecta con el centro de Segovia cada veinte minutos hasta medianoche (€1,10, ocho minutos), o puedes bajar por la vieja senda: treinta minutos, empinada en tramos y embarrada tras la lluvia. Si quieres estar en el meollo turístico de Segovia, este no es el sitio. Si buscas ambiente de pueblo en alto, vistas y ahorrar €40 por noche, funciona.
Dos hotelitos: la Casa Rural La Posada de Zamarramala (cinco habitaciones, €60 a €75, desayuno incluido, la lleva una pareja segoviana que habla inglés básico) y el Hostal Zamarramala (ocho habitaciones, más barato a €55 pero más sencillo, baño compartido en una planta). Ambos están limpios, tranquilos y completos el primer fin de semana de febrero por la fiesta: reserva con meses de antelación si quieres vivirla. El resto del año están medio vacíos. Aparcamiento gratuito en la calle en todas partes salvo durante la fiesta, cuando el barrio entero es zona peatonal y hay que aparcar abajo.
Qué hacer en {region}
Desde la plaza de la iglesia toma la Calle del Pozo cuesta abajo, sigue el camino empedrado entre los huertos, cruza la pasarela sobre el arroyo y sube por la otra ladera hasta la base del acueducto. Treinta minutos, 80 metros de bajada y luego 40 de subida, bonito pero empinado y con los adoquines resbaladizos cuando llueve. Los vecinos usan esta senda a diario; los turistas rara vez la encuentran.
Un pequeño mirador sin señalizar en la loma detrás de la Iglesia de San Pedro, al que se llega por una pista de tierra desde lo alto de la Calle Mayor. Cinco minutos andando desde la plaza, sin instalaciones, sin carteles, solo un resalte llano con vistas de 180 grados sobre Segovia. El atardecer es la hora: el acueducto y la catedral recogen la última luz y tendrás el sitio para ti salvo quizá por algún vecino paseando al perro.
Iglesia románica en el corazón del barrio, del siglo XII, de una sola nave, con ábside restaurado y frescos desvaídos. Suele estar cerrada salvo para la misa dominical de las 11:00, pero el exterior merece un vistazo: los capiteles tallados de la portada sur son excelentes. Si la puerta está abierta (algo raro), el interior es sobrio pero apacible. Sin entrada ni visitas guiadas.
Plaza de Zamarramala 3, abierto entre semana de 12:00 a 16:00 y de 19:00 a 22:00; los fines de semana solo mediodía. El menú del día cuesta €11 (sopa o ensalada, plato principal, postre y bebida) y cambia a diario: lentejas, pollo asado, flan. El bar se llena de trabajadores de la zona a mediodía; los turistas no aparecen nunca. Sin inglés, sin adornos, comida barata y sólida.
La Fiesta de las Águedas, el primer domingo de febrero, honra a Santa Águeda y consiste en que las mujeres de Zamarramala gobiernan el pueblo durante un día. Es folclórica, ruidosa, muy local y termina con baile en la calle y un consumo excesivo de cordero. El barrio se abarrota, los hoteles se llenan y es el único día del año en que Zamarramala parece un pueblo de fiesta en vez de una aldea somnolienta en lo alto de una loma.
Qué ver
Hoteles cerca de Zamarramala
Todavía no hay hoteles listados en Zamarramala. Los más cercanos están en la página de la región.
Todos los hoteles que cubrimos en Zamarramala
Cómo moverse por Zamarramala
Desde el centro de Segovia (Plaza del Azoguejo o Plaza Mayor) coge el autobús L1 dirección Zamarramala (€1,10, ocho minutos, cada veinte minutos de 7:00 a medianoche). El autobús para en la plaza, en lo alto del barrio; desde ahí todo se hace andando. Si vienes en coche por la circunvalación de Segovia (SG-20), toma la salida de Zamarramala, sube un kilómetro por la Calle Mayor y aparca donde quieras en la parte alta: es todo gratuito salvo durante la fiesta de febrero. La vieja senda hasta el acueducto se puede hacer a pie, pero es empinada: calcula treinta minutos de bajada y cuarenta de subida.
Preguntas sobre Zamarramala
Precio y vistas. Aquí los hoteles cuestan de €55 a €75 la noche frente a los €90 a €150 del casco antiguo, y el mirador de la loma ofrece una panorámica del atardecer mejor que la de cualquier ventana de hotel del centro. A cambio hay servicios mínimos (un bar, ningún restaurante, ninguna tienda salvo un pequeño ultramarinos que abre por las mañanas) y dependes del autobús L1 o de quince minutos de subida para llegar al acueducto y la catedral. Funciona si quieres una base tranquila y no te importa desplazarte.
Si te interesan las tradiciones populares españolas, sí: es una de las fiestas más antiguas y singulares de la región, genuinamente local, no montada para turistas. Las mujeres de Zamarramala se visten con el traje tradicional, asumen simbólicamente el control del ayuntamiento y la jornada acaba con baile en la calle y cordero asado. Los hoteles se llenan con meses de antelación, el barrio se abarrota y es ruidoso y caótico. Si solo quieres ver los monumentos de Segovia, elige cualquier otro fin de semana.
Sí, por la vieja senda: treinta minutos cuesta abajo, empinada y empedrada, bonita y embarrada tras la lluvia. La ruta arranca en la iglesia, baja entre huertos, cruza una pasarela y sube por la otra ladera hasta la base del acueducto. La vuelta cuesta arriba lleva cuarenta minutos y es un buen ejercicio. El autobús L1 (€1,10) es más cómodo y pasa cada veinte minutos; la mayoría de los visitantes van andando en un sentido y en autobús en el otro.
Uno: el Bar Zamarramala, que sirve menú del día entre semana (€11, tres platos, básico pero correcto) y cierra casi todas las noches y los domingos enteros. Eso es todo. Para cenar o para cualquier cosa que no sea comida de bar, coge el L1 hasta el centro de Segovia, donde decenas de restaurantes se alinean en la Calle Infanta Isabel y en las calles junto a la Plaza Mayor. Zamarramala es un barrio residencial, no un destino gastronómico.